Hay recuerdos que permanecen intactos con el paso de los años. En mi caso, muchos de ellos tienen el olor de un libro recién abierto, el tacto de unas páginas que pasaban demasiado deprisa y la emoción de descubrir una nueva aventura.
De niña leía todo lo que caía en mis manos. No era una afición pasajera, sino una necesidad. Cada libro era una puerta abierta a otro lugar, otra época y otros personajes con los que compartir unas horas.Las colecciones de Enid Blyton ocupan un lugar muy especial en mi memoria. Los Cinco, Los Siete Secretos, Torres de Malory… Cada historia era una invitación a vivir aventuras, resolver misterios y soñar con veranos interminables en los que todo parecía posible.
Todavía hoy recuerdo la sensación de querer terminar un libro para empezar inmediatamente el siguiente. Unos años después llegaron las novelas de Emilio Salgari. Sandokán, El Corsario Negro y tantos otros personajes me llevaron a mares lejanos, selvas exóticas y batallas inolvidables. Con él descubrí que los libros también podían hacerte viajar sin moverte del sofá.
No fueron los únicos. Hubo muchos más autores, muchas más historias y muchas horas de lectura. Cada uno dejó una pequeña huella que, sin darme cuenta entonces, iba construyendo mi propia forma de imaginar y de contar historias.
Con el tiempo llegaron los lápices, los cuadernos, las ilustraciones y, finalmente, mis propios libros infantiles. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que todo empezó mucho antes de escribir la primera página. Empezó leyendo.
Creo que todos los lectores guardamos un pequeño mapa de los libros que nos cambiaron para siempre. Esos que nos enseñaron que la imaginación no tiene límites y que, al cerrar la última página, ya no éramos exactamente los mismos.
Y tú, ¿recuerdas cuál fue el libro o la colección que despertó tu pasión por la lectura?


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